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Juan D’Arienzo
Juan D’Arienzo (Buenos Aires, 14 de diciembre de 1900 – Buenos Aires; 14 de enero de 1976) fue un músico y director de orquesta argentino de tango, conocido como “El rey del compás”.

A diferencia de otras orquestas de la época de oro (1940-1950), D’Arienzo retornó al sentimiento del 2 × 4 característico de la “guardia vieja”, pero con arreglos e instrumentación modernos. Sus orquestas “típicas” grabaron centenares de discos. Considerado una de las mejores orquestas junto a la de Alfredo de Angelis, Francisco Canaro, Héctor Varela, Aníbal Troilo, Ricardo Tanturi, Osvaldo Fresedo entre otros.
Su música se escuchaba en las milongas de Buenos Aires y Montevideo , y los instrumentos acusaban el clásico ritmo duro de los tangos con fuertes staccatos. También grabó milongas y valses.
Fue artista exclusivo del sello RCA Victor durante cuarenta años, de 1935 a 1975. Muchos años fue artista exclusivo del cabaret Chantecler de la calle Paraná 440.
Sin lugar a dudas, La cumparsita del compositor uruguayo Gerardo Matos Rodríguez, es el más representativo de todos los tangos grabados por su orquesta. El arreglo original de su versión es quizá la más característica de todas las grabaciones realizadas del Tango de los Tangos. Además, es el tango que más veces grabó, ya que lo hizo en siete ocasiones: En 1928 con Carlos Dante, en 1929 con Raquel Notar (Ambas para el sello Electra) y las cinco restantes, todas para el sello RCA Victor y todas instrumentales: 1937, 1943, 1951, 1963 y 1971.
Otro tema de similar importancia es la milonga La Puñalada, que al igual que La Cumparsita ha sido interpretada por numerosas orquestas y también conjuntos, y que D’Arienzo registró en cuatro oportunidades: 1937, 1943, 1951 y 1963.
Y llegamos a 1935, que es un año clave en la performance de D’Arienzo; que es el año en que realmente aparece el D’Arienzo que todos recordamos. Eso ocurre cuando se incorpora a su orquesta Rodolfo Biagi, un pianista que había tocado con Pacho, que había acompañado a Gardel en algunas grabaciones, que había tocado también con Juan Bautista Guido y con Juan Canaro. D’Arienzo actuaba por entonces en el Chantecler. La incorporación de Biagi significó el cambio de compás de la orquesta de D’Arienzo, que pasó del cuatro por ocho al dos por cuatro; mejor dicho, retornó al dos por cuatro, al compás rápido y juguetón de los tangos primitivos.
Cuando Biagi lo abandonó en 1938 para formar su propia orquesta, D’Arienzo ya se había identificado para siempre con el dos por cuatro. Frente al ritmo marcial de Canaro, a la trivialidad un tanto murguística de Francisco Lomuto, a los arrestos sinfonistas de De Caro, D’Arienzo aportaba al tango un aire fresco, juvenil y vivificador. El tango, que había sido un baile alardoso, provocativo, casi gimnástico, se vio un día convertido, al decir de Discépolo, en un pensamiento triste que se puede bailar… Se puede… El baile había pasado a ser subsidiario hoy; sólo que entonces había sido desplazado por la letra y por los cantores y ahora lo es por el arreglo. Y bien: D’Arienzo devolvió el tango a los pies de los bailarines y con ello hizo que el tango volviera a interesar a los jóvenes. El Rey del Compás se convirtió en el rey de los bailes, y haciendo bailar a la gente ganó mucho dinero, que es una linda forma de ganarlo.